BLANCA VELASCO NAVARRO
VISUAL ARTIST

LAS RUINAS CIRCULARES
04.09.25–31.10.25


En su primera exposición individual en Pradiauto, la artista Blanca Velasco (Zaragoza, 1988) presenta Ruinas Circulares, un conjunto de obras recientes que concibe la pintura como acto de búsqueda y excavación. Cada obra -óleo sobre lienzo, óleo sobre papel y dibujo- revela un método que combina la acumulación de capas pictóricas con su posterior raspado y sustracción. Cada superficie contiene un proceso de búsqueda que avanza en el propio lienzo hasta que la materia deviene ruina -  un lugar donde la forma emerge como un hallazgo más que como representación. La exposición no sólo presenta un conjunto de obras terminadas sino que abre una ventana al propio proceso creativo. A partir de una serie de dibujos, textos, y objetos clave en el desarrollo de su práctica, la muestra contextualiza las referencias fundamentales y el planteamiento conceptual que está en la base de su trabajo.


A nivel procesual, Velasco opera desde un impulso arqueológico: aplica capas de óleo, las cubre con blanco y, antes de que seque, raspa con la espátula, provocando grietas, desgastes, que, en ocasiones, rasgan el lienzo o el papel. “Es como una sábana extraña, entre algo sucio y delicado a la vez…” Antes del raspado, el proceso incluye un riego con aguarrás que ablanda la superficie y permite una interacción física más directa - aplastar, mezclar, levantar, retirar capas. La destrucción de la materia y la aparición de la forma suceden simultáneamente.

A partir de esa base matérica, Velasco comienza a dibujar con grafito, lápiz o pastel según el formato: en papel, combina óleo, aguarrás y grafito; en los grandes lienzos, sustituye el grafito por pastel, aunque a veces raya zonas marginales.


Blanca habla de un “raspado que mancha”, donde la herramienta dibuja y hiere la superficie al mismo tiempo. En este diálogo con la materia las manchas de color van sugiriendo pistas, detonando imágenes internas que ella captura, remarca, borra y redibuja en un proceso que describe como intuitivo, azaroso. “cada cuadro es un misterio para mí; tiene que ver con cómo se genera una imagen que no se copia directamente de una referencia, y me gusta que ese proceso atraviese la materia como guía”.


Didi-Huberman hablaba de la “imagen‑síntoma” para referirse a aquellas imágenes que no se agotan en lo representado, sino que persisten como vestigios activos. En su pensamiento, algunas imágenes “insisten”: “sintomatizan algo del pasado, son formas supervivientes, no de lo que se ha consumado, sino de lo que todavía sigue obrando”¹.En la pintura de Blanca, esta insistencia se muestra en una dimensión íntima y material: cada forma parece venir de un tiempo anterior, guardar una memoria específica, una arrastrar una tensión que sobrevive en la materia.  


En su proyecto académico Apocalipsis Glitch: poéticas del error (2022), Velasco ya exploraba cómo el fallo técnico y el ruido pueden ser fértiles, transformando lo accidental en un acto de creación visual y sonora. Pintando, Blanca avanza al activar un gesto que es, a la vez, de cuidado y de ruptura, en ir y venir donde la materia misma dicta su momento de aparición y transfiguración. 


En cuanto a su imaginario de referencias visuales, muchas de sus obras parten de huecos y fragmentos de frescos antiguos, especialmente del primer Renacimiento y en particular de Piero della Francesca, frescos cuyas roturas y rastros cromáticos Blanca toma como detonantes. Obras como Una ruina de Piero o Resurrección en Ruina (De San Francisco de Susa) subrayan esa relación con la ruina: un espacio donde lo que desapareció sigue, de algún modo, actuando. La obra prolonga un estado de búsqueda, sostiene en su superficie un tiempo suspendido.



En un presente dominado por la velocidad digital, la sobreexposición de imágenes y la dispersión de la atención, la pintura, su pintura, persiste como un territorio de profundidad temporal. Su forma de hacer nos invita a habitar con ella en esa suerte de demora, a explorar un margen de tiempo en el que la forma puede aparecer lenta, incierta, vulnerable. La obra de Blanca recuerda que aún existen gestos que exigen cuerpo, tiempo y riesgo. Su potencia reside precisamente en hacer visible el proceso mismo, lo que ocurre en el trayecto hacia el descubrimiento.
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